Periodista argentino. Con más de 30 años de trayectoria en los medios cristianos de comunicación social. Autor del libro "El rock y el pop en la iglesia". Fundador de la Unión de Comunicadores Cristianos de la Argentina.
Es editor de VidaCristiana.com
La tecnología nos atropella. Día a día, nuevos argumentos cibernéticos nos invaden a punto tal que se torna difícil llevar el ritmo de esos avances. La velocidad con que aparece algo nuevo en esta aldea global (vaya término arcaico) hace que cuando aprendemos a usar una nueva herramienta, ya quede obsoleta. Correos electrónicos, chats, redes sociales… todo va quedando en el pasado. Hoy es la IA (Inteligencia Artificial) la que nos resuelve problemas en cuestión de segundos, pero a la vez, nos pone en alerta. En este informe de Vida Cristiana, pastores, docentes, gente vinculada a la tecnología y comunicadores sociales se pronunciaron respecto a este dilema.
Opinan: Esteban Lanzani, Lizzie Sotola, Ricardo Codd, Samuel Mansilla y Sebastián Carníval.
La iglesia no se mantuvo ajena a los avances de la tecnología. Incluso se ha servido de ella para ayudar al crecimiento, tanto cuantitativo como cualitativo. A fines de los años ‘90, el correo electrónico otorgó inmediatez a la hora de comunicar alguna actividad para la que antes se debía esperar al fin de semana y recibir el boletín de novedades impresas en la puerta de la iglesia. Promediando la primera década del 2000, las redes sociales se convirtieron en factor fundamental para afianzar la relación entre creyentes durante la semana y trazar lazos a la distancia. Hoy, la IA se convirtió en el instrumento favorito a la hora de diseñar la imagen comunicacional, o al buscar información de manera más rápida. Incluso algunos se han aventurado a servirse de este recurso para complementar ideas al confeccionar un sermón o escribir una canción.
Un antecedente peligroso Hace un año, casi, se había difundido a través de YouTube un mensaje del Dr. Billy Graham acerca de cuestiones controversiales de la Biblia. Lo que se suponía era una versión “remasterizada” de uno de sus mensajes de antaño, resultó ser una construcción hecha con Inteligencia Artificial que muchos tomaron como verídica, generando no pocas polémicas. No solo porque la IA había puesto en boca de Graham palabras que nunca dijo, sino que sutilmente lo hizo decir cosas que bordeaban la herejía.
En su momento, este hecho pasó casi inadvertido, pero hoy cobró relevancia en las redes sociales y varias preguntas quedaron flotando. ¿Qué tan útil puede ser la IA al servicio del Reino en contraposición a qué tan dañina puede ser para el mismo Reino cuando es utilizada con fines perversos? Para Ricardo Codd, co-fundador de Dogo Creativo, empresa que se dedica al marketing y que se nutre de la IA para la concreción de muchas de sus acciones, “la IA es tan útil como peligrosa, dependiendo de las manos que la manejen. Puede multiplicar el alcance del evangelio, traducir contenido a idiomas remotos, y optimizar la comunicación de la iglesia. Pero en manos equivocadas, puede fabricar falsas doctrinas con credibilidad artificial. La diferencia la marca la intencionalidad y el discernimiento pastoral”.
“La innovación sin discernimiento conduce al error; la innovación con sabiduría puede convertirse en una gran aliada del Evangelio” (Esteban Lanzani)
Precisamente, una mirada pastoral ofrece Carlos Samuel Mansilla, quien también es comunicador social y proclive al uso de la IA para algunos de sus proyectos de medios. “La IA no es el enemigo a vencer, sino un nuevo terreno que debemos conocer, y aunque nos guste o no, debemos lidiar cotidianamente”, expresa, y agrega que “el desafío no está en los algoritmos, sino en la profundidad de nuestras raíces”.
En consonancia con esta aseveración de Mansilla, la periodista Lizzie Sotola, corresponsal para Latinoamérica de Diario Cristiano Internacional, enfatiza que “es menester del cristiano conocer las Escrituras para no ser engañado. Es parte de la vida cristiana mantener una relación con Dios y su Palabra. Por lo que en la práctica no debería cambiar la situación una invasión de mensajes producidos por la IA que no se ajusten a la doctrina bíblica”.
¿Qué es real y qué es artificial? El uso y abuso de la IA está a la orden del día. Si nos ponemos a revisar videos en internet, ya casi se torna indistinguible lo real de lo artificial. El consumo masivo de videos de predicaciones pasó a ser un terreno peligroso dada la adulteración de discursos que se pueden seguir haciendo, tal como ha sucedido con aquél sermón de Graham que sirvió de disparador para el presente artículo. Según Lizzie Sotola, “más que nunca necesitamos recurrir a las Escrituras para discernir entre lo verdadero y lo falso. Lo sucedido con Billy Graham puede pasar más seguido de lo que pensamos. Es necesario contrastar todo con la Palabra de Dios. Como periodista hago el ejercicio de corroborar información con diversas fuentes, como líder enseño a corroborar cualquier enseñanza con la Biblia. No falla”.
“Bien utilizada, la IA puede potenciar la misión de la Iglesia, ampliar el acceso a la Biblia y facilitar recursos para discipular mejor” (Sebastián Carníval)
El caso de Billy Graham generado por IA expone un riesgo concreto: poner palabras falsas en voces confiables, generando confusión doctrinal y debilitando la confianza. Esteban Lanzani, consultor digital y profesor en la Universidad Evangélica de Argentina, se suma a la conversación y propone un desafío mayor para la iglesia, diciendo que ésta “no puede ser ingenua frente a la tecnología. Necesita formación digital, pensamiento crítico y una ética clara. La fe siempre fue transmitida por personas, en comunidad, con oración y estudio; no por sistemas automáticos”.
La formación, la corroboración bíblica, la búsqueda de consejo dentro de la comunidad cristiana y la imperiosa necesidad de una relación fluida con Dios son puntos de intersección en las opiniones de los consultados a la hora de considerar la utilización de la IA como aliada para la expansión del Reino. “Estamos criando una generación que consume contenido sin verificar fuentes. Si no formamos creyentes con sólido fundamento bíblico, cualquier deepfake teológico puede causar estragos. La respuesta no es prohibir la tecnología, sino educar a la iglesia en pensamiento crítico y discernimiento espiritual”, sostiene Ricardo Codd.
En tanto, Sotola enfatiza que “la experiencia de una relación con Dios, conocimiento de su Palabra y de la doctrina bíblica sigue siendo un tema personal entre el Espíritu Santo y uno mismo. La IA debe ser tomada como una herramienta, no como un dios. No podemos depositar nuestra confianza en algo que es creación humana. Por más inteligencia que sea, sigue siendo artificial”.
“Frente a la multiplicación de voces y la desinformación digital, nuestra mejor defensa es la alfabetización bíblica. Ante la duda, volvamos a las Escrituras, ante la confusión, busquemos el discernimiento en comunidad”, acota Mansilla.
“Es parte de la vida cristiana mantener una relación con Dios y su Palabra. Por lo que en la práctica no debería cambiar la situación una invasión de mensajes producidos por la IA que no se ajusten a la doctrina bíblica” (Lizzie Sotola)
“Bien utilizada, la IA puede potenciar la misión de la Iglesia, ampliar el acceso a la Biblia y facilitar recursos para discipular mejor”, afirma Sebastián Carníval, integrante del staff global de YouVersion. Y agrega que “el riesgo no está en la tecnología en sí, sino en la manipulación, la tergiversación o la falta de criterio espiritual. Por eso, más que rechazarla, necesitamos formar creyentes maduros, con discernimiento bíblico y pensamiento crítico. La Iglesia no debería llegar tarde a estos cambios, sino participar activamente, usando la IA con responsabilidad, ética y fidelidad a la Palabra”.
“La innovación sin discernimiento conduce al error” Ante esta embestida de la Inteligencia Artificial, muchos suponen un peligro para las versiones digitales de la Biblia y aventuran escenarios dignos de películas de ciencia ficción. ¿Qué sucedería si aparecieran versiones bíblicas hechas con IA de dudosa procedencia, en la que se manipulen fragmentos de las Escrituras para traducirlos antojadizamente y generar una falsa doctrina que haga tropezar a incautos con poco ejercicio en la lectura bíblica? ¿Qué garantiza, incluso, que un hackeo a las versiones digitales de la Biblia tal y como la consumimos hoy día a través de nuestros dispositivos, no nos juegue una mala pasada y alteren algún concepto básico de los fundamentos de nuestra fe?
“Este es quizás el escenario más peligroso”, reflexiona Codd. “Una Biblia adulterada circulando con apariencia legítima podría generar herejías masivas. Por eso es crucial que la iglesia promueva el uso de traducciones reconocidas, respaldadas por instituciones serias, y que enseñemos a comparar versiones, sin estar demonizando las que ya existen. El antídoto sigue siendo el mismo de siempre: conocer la Palabra en profundidad, no solo consumirla superficialmente”.
“La IA no es el enemigo a vencer, sino un nuevo terreno que debemos conocer, y aunque nos guste o no, debemos lidiar cotidianamente” (Carlos Samuel Mansilla)
Por su parte, Sotola confía en el enorme esfuerzo de los equipos que promueven versiones digitales de la Biblia, al sostener que “es muy poco probable que hackeos puedan prosperar en apps de Biblias. Los guardianes del texto bíblico siempre revisan y actualizan las diferentes traducciones de la Biblia, por lo que estoy segura que la mirada está especialmente puesta en los potenciales hackeos. De llegar a suceder, pienso que sería algo momentáneo que no llegaría a generar un cambio doctrinal. Antes sería detectado y subsanado”.
Las reflexiones finales de los consultados son síntesis de lo que sostuvieron a lo largo de la conversación: utilización responsable de la IA, sin que esta sustituya el conocimiento, la investigación y el discernimiento que sólo otorga la lectura fidedigna de las Escrituras.
Un detalle no menor, y que tal vez el grueso de los usuarios de la IA desconocen, es el consumo energético que produce su utilización, y que a futuro puede provocar desajustes en el medio ambiente. Sotola acentúa que “debemos ser conscientes de que el uso de la IA genera un gasto energético importante en los recursos naturales. Nos toca también ser responsables de cómo utilizamos la energía. El uso de la IA que hoy está de moda, requiere una toma de conciencia acerca de muchos detalles. No sólo en la veracidad de lo que genera, sino también en el consumo desmedido del agua, por ejemplo”.
“La mejor defensa contra una mentira bien editada es una verdad bien estudiada. La tecnología va a seguir cambiando, pero la Palabra permanece para siempre” (Ricardo Codd)
“La innovación sin discernimiento conduce al error; la innovación con sabiduría puede convertirse en una gran aliada del Evangelio”, dice Lanzani, y Codd agrega que “en el libro ‘Revolución en la IglesIA’, que escribí con mi hermano Marcos, siempre dijimos que hay que innovar en los métodos, pero nunca negociar el mensaje. La IA debe ser una herramienta al servicio del contenido, no el contenido mismo. Cuando delegamos el pensamiento pastoral a un algoritmo, dejamos de ser comunicadores del Reino para convertirnos en repetidores de máquinas”.
La IA vino para quedarse. El desafío de la iglesia está en qué hacer con ella, y entender que sería infructuoso un combate para quitarla del carril por donde transita la fe. Quizás la “humanización” que le damos a la IA es la que nos genera tantos conflictos e incertidumbres a la hora de evaluar si se puede usar o no para el servicio del evangelio. Por eso, antes que temer, es mejor cimentarse en la Palabra e ir sin miedo a descubrir lo que la IA puede proporcionarnos. En eso, Codd es categórico y deja un párrafo final que invita a la reflexión: “La mejor defensa contra una mentira bien editada es una verdad bien estudiada. La tecnología va a seguir cambiando, pero la Palabra permanece para siempre”.