Libérate del dolor emocional

Autor

  • Consejera, profesora universitaria, conferencista y comunicadora social puertorriqueña. Cuenta con un Doctorado en Consejería y una Maestría en Trabajo Social. Fundadora del Centro de Consejería “Armonía Integral” y autora de varios libros, entre los que se destacan “Mujer, conoce tu valor y vive tu propósito”, “El perfil psicológico de Jesús”, “Vive libre, vive feliz” y el más reciente, “Nací para ser feliz”.

“Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas”. Isaías 43:2

Sentir dolor es algo que no le gusta a nadie. Probablemente cuando pensemos en el dolor lo hagamos en un dolor de tipo físico, en heridas o enfermedades. No obstante, también existe otro tipo de dolor que todos hemos sentido en algún momento y que nos genera un gran sufrimiento: el dolor emocional que pueden causarnos nuestras vivencias o la falta de estas.

Cuando el dolor emocional domina la vida de una persona, provoca que se aleje de la felicidad y que viva con profundas insatisfacciones. Según algunos estudios, la depresión clínica es diez veces más alta en la actualidad que hace cien años atrás.

Podemos tomarnos una pastilla para lidiar con un dolor físico, pero no existe ningún medicamento que “cure” el dolor emocional. No podemos evitar sentirlo, pero sí podemos decidir que no regirá nuestra vida. Entonces, ¿cuáles son los dolores emocionales más comunes que veo en mis pacientes?

1. Carencias psicológicas del niño interior

La forma en que nos sentimos con la vida, en cómo nos vemos a nosotros mismos y gran parte de nuestras emociones en la adultez pueden estar relacionadas a experiencias de nuestra historia, sobre todo las que se tuvieron durante las primeras etapas. Se considera que casi todas las situaciones emocionales complejas de la vida adulta tienen como raíz asuntos de la niñez que no están resueltos. Las experiencias de la infancia marcan nuestra personalidad.

2. Sobrevivencia al abuso

Algunas vivencias son hermosas y dignas de recordar, pero otras son duras y angustiantes, como el abuso en cualquiera de sus manifestaciones: emocional, físico, sexual, rechazo o abandono. Existe una relación directa entre lo que es haber sobrevivido al maltrato y desarrollar depresiones o trastornos de ansiedad.
Los traumas del abuso tienen una manera de quedarse en nuestras mentes. Los recuerdos pueden llegar de forma automática, aunque no los busquemos conscientemente. Muchas veces podemos estremecernos ante los recuerdos. En algunos casos, estas memorias pueden presentarse de forma más frecuente de lo que la persona quisiera. En el proceso de consejería, he escuchado a una gran cantidad de pacientes decirme que quisieran apagar o borrar esos recuerdos.
Borrar lo que hemos vivido a lo largo de nuestra historia no es posible, pero creo firmemente que podemos ser libres de manera emocional y espiritual de los efectos del abuso para ser felices en el presente. Luego, lo que es más importante, seguir adelante en los grandes y extraordinarios planes que Dios tiene para nuestro futuro. ¡Hay esperanza!

3. Cuando llegan las pérdidas

Las pérdidas son parte del camino de la vida. ¿Quién no las ha experimentado? Todos las hemos vivido. Las pérdidas son inevitables, pero vivir en estado de aflicción por ellas es una decisión. Con el pasar del tiempo se suele comprender con mayor claridad que las pérdidas vividas son piezas de un rompecabezas muy grande que aún no conocemos cuando estamos pasando por el punto rojo del dolor. Puede ser que en este momento necesites estas palabras: “Lo que no comprendes ahora, lo vas a entender después”.

“Amante Dios y Padre celestial: Delante de ti presento mi vida. Todo mi ser te pertenece. Mi alma se abre por completo a fin de ser llena de tu amor, paz, bienestar, fortaleza, sanidad y liberación. Estoy firme para entregarte mis temores, inseguridades, heridas, recuerdos dolorosos, miedos, angustias, incertidumbres y hasta la falta de fe. Cuando me invada el dolor emocional, decidiré confiar en ti. Cuando mis pensamientos sean unos llenos de agobio, decido entregártelos a ti. Cuando a mi puerta toque la tristeza, decido ser vivificado en ti. En el poderoso nombre de Jesús. Amén”.


Related posts / Posts Relacionados: