Predicar fielmente no te hace crecer

Autor

He conocido a cientos de pastores que oran cada día, estudian la Palabra con seriedad, preparan mensajes con amor y predican cada domingo con pasión. Y aún así, sus iglesias no crecen. No es porque sean malos pastores. No es porque les falte fe o compromiso. Es porque están trabajando sin un mapa.

Hace unos años, yo estaba en ese lugar. Gerente de una fábrica de insumos médicos, con un salario estable y un futuro asegurado. Pero cada mañana, en mi tiempo devocional, sentía que Dios me decía algo claro: «Si te quedás acá, no puedo hacer con vos lo que quiero hacer». Era absurdo. Tenía un hogar que sostener, tres hijas pequeñas, responsabilidades. Pero la incomodidad no se iba. Y un día entendí algo: la comodidad puede ser una embustera. La vida se construye con decisiones fuertes, no con rutinas seguras.

Renuncié. Me lancé a trabajar por mi cuenta. Y durante los primeros meses, fue caótico. No porque faltara trabajo, sino porque faltaba dirección. Hacía muchas cosas, pero sin saber si estaba avanzando hacia donde Dios quería llevarme. Hasta que empecé a hacer algo simple: escribir metas.

No metas vagas como «quiero crecer espiritualmente» o «deseo ver mi iglesia prosperar». Metas concretas. Medibles. Con fecha. Como: «Para diciembre, quiero tener 10 pastores con quienes trabajar de forma continua». O: «Este trimestre, voy a crear 3 materiales nuevos que sirvan a iglesias pequeñas». Y cuando empecé a medir, todo cambió.

No porque las metas hicieran el trabajo por mí, sino porque me daban claridad. Me ayudaban a saber si estaba avanzando o simplemente ocupado. Me permitían evaluar: ¿esto que estoy haciendo hoy me acerca a donde quiero estar en diciembre?

Muchos pastores viven en la actividad sin dirección. Preparan cultos, visitan enfermos, organizan eventos, responden mensajes. Están ocupados. Agotados. Pero si les preguntas: «¿En qué ha crecido tu iglesia este año?», no tienen respuesta clara. No porque no hayan trabajado. Sino porque nunca definieron hacia dónde estaban trabajando.

Empezá aquí: https://bit.ly/diagnostico-ds 

La Biblia no habla de «hacer cosas religiosas». Habla de dar fruto. De discípulos. De multiplicación. Y todo eso es medible. Jesús sabía cuántos discípulos tenía. Sabía cuántos lo seguían. Sabía cuántos quedaban después de decir cosas difíciles. Y cuando envió a los setenta, les preguntó qué habían logrado cuando volvieron.

No hay nada de «poco espiritual» en tener metas numéricas. Al contrario, es bíblico. Hechos 2 dice que «se añadieron aquel día como tres mil personas». Hechos 4 dice que «el número de los varones era como cinco mil». La Biblia mide. Porque lo que no se mide, no se puede mejorar.

Pero las metas no son solo números. Son también espirituales. Por ejemplo: «Este trimestre, voy a lograr que 5 miembros de mi iglesia tengan una vida devocional diaria constante». Eso es una meta espiritual. Y es medible. Porque al final del trimestre, puedo preguntarles: «¿Estás teniendo tu tiempo con Dios cada día?» Y sabré si avancé o no. O: «Para fin de año, quiero que 3 líderes de mi iglesia estén discipulando activamente a otras personas». Espiritual. Medible. Alcanzable. Y cuando tenés metas claras, tres cosas pasan:

Primero, dejás de dispersarte. Porque ahora sabés qué es prioritario y qué es distracción. Si tu meta es formar líderes, ese retiro de jóvenes que te ofrecen organizar puede esperar. Si tu meta es bautizar nuevos creyentes, ese congreso al que te invitan quizás no sea para este año.

Segundo, podés evaluar. Cada trimestre, te sentás con tu equipo y te preguntás: ¿Logramos lo que queríamos? Si la respuesta es sí, celebramos y subimos la apuesta. Si no, analizamos: ¿Qué nos frenó? ¿Qué debemos cambiar el próximo trimestre?

Tercero, tu equipo trabaja con claridad. Porque ya no les decís: «Tenemos que crecer». Les decís: «Este trimestre, vamos a lograr que 10 personas nuevas asistan a un grupo pequeño». Y eso es algo que pueden hacer. Pueden planificar. Pueden medir. Pueden celebrar cuando lo logren.

He visto pastores que estaban estancados por años empezar a ver crecimiento en solo 3 meses de aplicar esto. No porque yo les enseñara algo mágico. Sino porque les ayudé a poner un mapa en su ministerio.

Un pastor en México me escribió hace poco: «Tito, llevábamos 3 años sin bautizar a nadie. Este trimestre bautizamos a 8 personas». ¿Qué cambió? Pusieron como meta trimestral: «Vamos a evangelizar activamente a 20 familias del barrio». Y cuando tenés una meta clara, tu equipo se activa. Porque ahora saben qué hacer.

Otro pastor en Colombia me dijo: «Antes, mis líderes venían a las reuniones sin saber qué esperar. Ahora saben que cada trimestre tenemos una meta específica. Y vienen preparados para avanzar hacia esa meta».

Es que cuando vos como pastor no tenés dirección, tu equipo tampoco la tiene. Y entonces cada uno hace lo que puede, pero nadie sabe si están avanzando juntos.

En cambio, cuando definís un objetivo anual de crecimiento y lo dividís en metas trimestrales para cada proceso, todo tu ministerio se ordena. Por ejemplo, si tu objetivo anual es «Duplicar la cantidad de líderes activos en mi iglesia», podés dividirlo así:

Primer trimestre: Identificar y formar a 3 nuevos líderes potenciales.
Segundo trimestre: Que esos 3 lideren un grupo pequeño cada uno.
Tercer trimestre: Que cada grupo pequeño levante a 1 líder nuevo.
Cuarto trimestre: Consolidar a todos los líderes nuevos y celebrar el crecimiento.

Y dentro de cada trimestre, tenés metas semanales. Como: «Esta semana, voy a tener una conversación de 30 minutos con cada uno de los 3 líderes potenciales». Eso es un plan. Eso es un mapa. Y cuando tenés un mapa, dejás de caminar en círculos.

¿Querés hablar con alguien?
Si sentís que necesitás claridad para tu iglesia y no querés seguir solo, podés tener una conversación pastoral 1 a 1 conmigo.

Reservá tu sesión aqui: https://bit.ly/sesion1a1-ds

Sé que algunos pastores me dirán: «Pero Tito, yo no quiero reducir el ministerio a números». Y te entiendo. Yo tampoco. Pero fijate que el problema no es medir. El problema es medir solo números sin preocuparte por la calidad espiritual. Por eso las metas tienen que ser espirituales y numéricas.

Si bautizaste a 10 personas este año, pero ninguna está en discipulado, tus números no reflejan salud. En cambio, si bautizaste a 5 personas y las 5 están siendo discipuladas activamente, ahí hay fruto real.

El crecimiento no es solo cantidad. Es calidad. Pero tampoco es sólo calidad sino cantidad. Porque si tu iglesia tiene 20 miembros hoy y dentro de 5 años sigue teniendo 20, algo no está funcionando. Dios no nos llamó a mantener. Nos llamó a multiplicar.

Por eso te desafío hoy: definí tu objetivo anual de crecimiento. Sentate con tu equipo y preguntate: «¿Qué queremos ver en nuestra iglesia para fin de año?» Y después dividilo en metas trimestrales para cada uno de los 5 procesos bíblicos: valores, discipulado, evangelismo, grupos pequeños y misiones.

No tiene que ser perfecto. Mejor hecho que perfecto. Pero tiene que existir. Porque sin un mapa, vas a seguir predicando fielmente, trabajando duro, pero sin ver el fruto que Dios quiere darte.

Nosotros damos pasos. Dios da crecimiento. Pero si no sabemos hacia dónde caminamos, nunca vamos a llegar. Paso a paso, pero no parados.

Para implementar estas ideas hacé click aquí: https://bit.ly/plancrecer-dsa


Related posts / Posts Relacionados:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio esta protegido por reCAPTCHA y laPolítica de privacidady losTérminos del servicio de Googlese aplican.

El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.