Hace un tiempo una psicóloga me dijo algo que me quedó grabado. Después de escuchar todo lo que me había pasado en un momento muy difícil de mi vida, me dijo: «La gente generalmente viene por un golpe: personal, familiar o laboral. A vos te dieron los tres juntos. La buena noticia es que estás de pie».
“Estás de pie”. Esa frase me cambió la perspectiva. Porque me hizo darme cuenta de que lo que yo pensaba que me iba a destruir, en realidad me había fortalecido. Y desde ese día dejé de tenerle miedo al fracaso.
Pastor, sé que hay algo que te frena. Algo que no te deja intentar cosas nuevas. Algo que te mantiene haciendo lo mismo año tras año aunque no veas resultados. Es el miedo. Miedo a que no funcione. Miedo a quedar expuesto. Miedo a lo que van a pensar otros pastores. Miedo a intentar y fallar. De nuevo.
Porque tal vez ya fallaste antes. Tal vez lanzaste algo y no funcionó. Tal vez pusiste toda tu energía en un proyecto y se cayó. Y el dolor de esa experiencia te dejó una marca. Y ahora preferís no intentar antes que volver a pasar por eso. Te entiendo. De verdad te entiendo.
Pero dejame decirte algo: el fracaso que no intentás es el único que realmente te destruye. Porque cuando intentás y fallás, aprendés algo. Duele, sí. Pero crecés. Sabés qué no hacer la próxima vez. Tenés información nueva.
Pero cuando no intentás por miedo, no aprendés nada. Te quedás exactamente donde estás. Y encima cargás con la pregunta que nunca se va: «¿Qué hubiera pasado si…?» Esa pregunta pesa más que cualquier fracaso.
Ejercicio práctico para tu iglesia
Si querés saber en qué área está realmente estancada tu iglesia, preparamos un diagnóstico sencillo que te dará claridad en pocos minutos.
Empezá aquí: https://bit.ly/diagnostico-ds
Mirá, yo no registro fracasos en mi vida. Y no es porque todo me haya salido bien. Es porque aprendí a ver cada cosa que no funcionó como un intento necesario para aprender a hacerlo bien.
No fracasé. Intenté. Y algunos intentos no dieron el resultado que esperaba. Pero cada uno de esos intentos me enseñó algo que uso hasta hoy.
El problema es que en el mundo pastoral tenemos una cultura del éxito muy tóxica. Nos mostramos las victorias pero escondemos las derrotas. Compartimos los testimonios de crecimiento pero callamos los años de estancamiento. Y eso genera una presión enorme.
Porque cuando solo ves el éxito de otros, sentís que vos sos el único que falla. Pero no sos el único. Todos fallamos. Todos tenemos proyectos que no funcionaron. Todos tenemos ideas que parecían geniales y resultaron ser un desastre. La diferencia está en qué hacés después.
Algunos pastores fallan y se paralizan. Otros fallan y aprenden. Los primeros se quedan donde están. Los segundos crecen.
¿Sabés qué descubrí? Que el juicio de otros pastores que tanto tememos generalmente existe solo en nuestra cabeza. La mayoría está tan ocupada con sus propios problemas que no tiene tiempo de juzgar los tuyos. Y los que sí te juzgan, probablemente no están haciendo nada. Porque el que está en la cancha sabe lo difícil que es. El que critica desde afuera nunca pateó una pelota.
Hay una frase que adopté hace años y que me liberó: «Mejor hecho que perfecto». Mejor intentar algo imperfecto que no intentar nada esperando las condiciones perfectas. Mejor lanzar un grupo pequeño con errores que no lanzar ninguno. Mejor predicar una serie que no quedó tan bien como querías que no predicar nada nuevo por miedo a fallar. Mejor dar un paso torpe hacia adelante que quedarte paralizado en el mismo lugar.
La perfección es enemiga del progreso. Y el miedo al fracaso es el arma favorita del enemigo para mantenerte inactivo. Pensá en Pedro. Caminó sobre el agua. Y se hundió. ¿Fue un fracaso? Tal vez. Pero fue el único de los doce que se animó a salir de la barca. Los otros once se quedaron adentro, seguros, sin mojarse. ¿Con quién te identificás?
¿Querés hablar con alguien?
Si sentís que necesitás claridad para tu iglesia y no querés seguir solo, podés tener una conversación pastoral 1 a 1 conmigo.
Reservá tu sesión aquí: https://bit.ly/sesion1a1-ds
El Reino de Dios avanza con gente que se anima a salir de la barca. Gente que intenta aunque no tenga garantías. Gente que prefiere hundirse intentando, que quedarse seca sin hacer nada.
Pastor, ¿qué es eso que querés intentar pero el miedo no te deja? ¿Qué proyecto tenés guardado esperando el momento perfecto que nunca llega? ¿Qué paso sabés que tenés que dar pero seguís postergando porque «no es el momento»?
Dejame decirte algo: el momento perfecto no existe. Nunca vas a estar 100% listo. Nunca vas a tener todas las respuestas. Nunca vas a tener garantía de éxito. Pero podés dar el paso igual. Y si no funciona, vas a aprender algo. Y vas a intentarlo de nuevo. Y eventualmente vas a encontrar la forma de hacerlo funcionar.
Así funciona el aprendizaje en el Reino. No es teoría primero y práctica después. Es práctica, error, ajuste, práctica de nuevo. Aprender haciendo. No hay otro camino.
El golpe más fuerte de mi vida no me destruyó. Me hizo más fuerte. Me mostró una fortaleza que no sabía que tenía. Y me quitó el miedo a caer, porque descubrí que puedo levantarme. Vos también podés. No dejes que el miedo al fracaso te robe los mejores años de tu ministerio. No dejes que la opinión de otros pastores te paralice. No dejes que un intento fallido del pasado defina todos tus intentos futuros.
Salí de la barca. Mejor hecho que perfecto. ¿Qué vas a intentar esta semana?
Si querés lo intentamos juntos aquí: https://bit.ly/plancrecer-dsa
Estamos para servirte.
Whatsapp: https://bit.ly/wha-ds
Reserva una cita 1 a 1: https://bit.ly/sesion-ds



