Las Crónicas del Maestro. Capítulo 4
Al parecer, un grupete de religiosos pícaros tenían como misión en la vida hacer que el carpintero caiga en alguna de sus trampas cargadas de una falsa moralina. Pero el joven nacido hace casi 32 años ya la tenía clara. Como dicen en el barrio: “cuando vos vas, yo voy y vengo”. Bueno, algo así pasaba en aquél tiempo en que estos buenos para nada perseguían al Maestro para ver si lo pescaban in fraganti.
¿Se imaginan los posteos cazademonios en facebook que harían acusando al pobre Cristo por transgredir la sana doctrina curando a un enfermo terminal durante la hora del culto, y encima hacerlo sin usar corbata? Menos mal que en esa época las únicas redes que había eran las que usaban para pescar. Aún así, los payasos de túnicas se las ingeniaban para hacerle perder la paciencia hasta al mismísimo predicador que recomendaba actuar con mansedumbre.
En fin, hay que entenderlo, también era hombre y tenía emociones. Lo que sí es seguro, es que jamás pecó, pero me hubiera gustado ser mosca para presenciar algunos episodios donde ponía en práctica eso de que “el celo de tu casa me consume”. ¡Y vaya si lo ha hecho al punto de sacar a palazos a los que estafaban en el templo!
Bueno, no sé si alguna vez lo enseñó, pero imagino que habrá sido de los primeros en contar hasta diez antes de explotar y, como lo hacía en algunas ocasiones, tiraba alguna perlita que hacía enfadar hasta el último religioso.
Se ve que en esta vuelta lo engancharon apurado cuando se le acercó un pobre hombre con dificultades para caminar, y que siempre llegaba tarde al estanque de los milagros. Se acercó a Mateo, que era el más organizadito de todos sus seguidores y le preguntó qué día era. El ex publicano miró la agenda, y le dijo:
-“Esta noche tenés que predicar en la playa del otro lado del mar de Galilea, a las 20 horas”. -“Sí, ya sé”, le respondió el Maestro, “pero, decime qué día es hoy”. -“¡Ah! Es sábado”. -“Ok, hoy es un buen día para hacer un milagrito”. Así que miró al hombre y casi sin mediar otra palabra le dijo: “Agarrá tu bolsa de dormir y andá con tus amigos”.



